lunes, 1 de noviembre de 2010


La muerte iguala a todos
OMNIA MORS AEQUAT

Carácter igualitario de la muerte que, en su poder, no discrimina a sus víctimas ni respeta jerarquías.


Ejemplo:


Aquí yace honrado conde Rastudije Prvonjeg en su tierra noble. En mi tiempo fui héroe, querido por los compañeros y por el señor nuestro Kulin.

Entonces cuando pude no quise, ahora que quiero no puedo extender mis alas. Así fue mi destino. No desesperé entonces, no lo haré ahora. Pero veo que todos los que vuelan caen y que nadie se queda en el cielo volando valiente para siempre yo tampoco estaré bajo esta piedra para siempre con mi miedo. Acercados y lamentadme, pero no me pongáis los pies encima porque seréis lo que soy y yo no seré lo que sois.

Recuerda que has de morir
MEMENTO MORI

Carácter cierto de la muerte como fin de la vida. Advertencia aleccionadora de carácter ascético.


Ejemplo:


CANCIÓN DEL JINETE

Córdoba.
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay, que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba¡

Córdoba.
Lejana y sola.

GARCIA LORCA, Canciones
Lugar agradable
LOCUS AMOENUS


Carácter mítico del paisaje ideal, descrito bucólicamente a través de sus diversos componentes (prado, arroyo, árbol...) y relacionado, casi siempre, con el sentimiento amoroso.


Ejemplo:

En el bosque las musas
hacen equilibrio sobre hilos de plata
y el mundo diminuto
se ilumina cuando suena la flauta

Como danzando de amor
los árboles sus ramas entrelazan
burbujas de cristal, unicornios y estrellas
aparecen en un onírico espejo
como el aleteo de mil libélulas

La lengua apacible hace reverencia
a los versos de un trovador inquieto
que va parafraseando una querencia
lleno de pasión y tormento

De sólo verlo…causa furor
me llevo la mano al pecho
como lo hacían los de otros tiempos,
¡puedo volar!, ¡puedo volar!
y con una pluma alcanzar el firmamento

El hombre, viajero
HOMO VIATOR


Carácter itinerante del vivir humano, considerada la existencia como "camino", viaje o peregrinación que debe recorrerse.


Ejemplo:


Ese hombre va llegando
como lanza pagana.
Invadiendo la tierra de las letras;
sangrando,
y hasta el sol su sangre levantando.
Con las piedras desnudas vestido.
Rezando a las cavernas.

Ese,que la tierra ligera
lleva en brazos.

El tiempo pasa irremediablemente
FUGIT IRREPARABILE TEMPUS


Carácter irrecuperable del tiempo vivido: evocación de la condición fugaz de la vida humana.
Captación de la benevolencia
CAPTATIO BENEVOLENTIAE


Conjunto de fórmulas fraseológicas y procedimientos introductorios, destinadas a ganarse la benevolencia del oyente o lector.

Ejemplo:
Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero, no he podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?

Cervantes, Don Quijote de la Mancha, I, Prólogo

época áurea
EDAD DE ORO

Carácter irrecuperable de una época ya pasada: evocación de un tiempo anterior considerado mejor que el actual, causa de descontento.

Ejemplo:


Lo que el tiempo se lleve
que sea tanto
como aquello que el tiempo nos dio,
regalo inmerecido,
dejando la memoria en la inocencia
de la vida cumplida, porque nada
hiere más y más hondo que el recuerdo:
mientras dure una noche en la memoria,
esa noche es la Noche
y esa intensa memoria la Memoria.


Llévese el tiempo todo
lo que quiera llevarse,
porque todo fue suyo desde siempre.

Que desvanezca el tiempo
el oro delincuente del amor
y la imagen hermética de aquello
que llamabas pasado
—y era apenas
ayer: la fugitiva
edad de no tenere
dad para el pasado.

Edad de Baudelaire y de muchachas
que adquirían nociones de la vida
en las últimas filas de los cines
y en esos viejos cines de posguerra
convertidos
en locales de baile que cerraban
cuando el cielo quería amanecer.
Amaneceres de domingo,
volviendo a casa con
un vaso aún en la mano
y con tabaco extraño en el bolsillo,
a esa hora en que abrían los cafés
y las damas de caridad montaban mesas
con carteles de niños moribundos.

Y era la muerta luz que amanecía
la metáfora helada y la exacta ilusión de estar quemando
las naves de la eterna juventud.

Pero en su coche fúnebre
el tiempo iba admitiendo pasajeros.

Y las naves quemadas son ceniza,
y muy poco de eterna
tuvo la juventud.

Así que arrastre todo, que se lleve
en su vértigo el tiempo la memoria,
dejando
un vacío perfecto en el pasado.

Porque todo recuerdo
se acaba corrompiendo en el presente.
Y este presente ya
de poco va a servirnos.

De poco va a servirnos
el saber que hubo un tiempo en que la vida
valía su peso en oro.

Porque la vida pone
su casa en el pasado.

Y esta casa sombría no parece la nuestra.